miércoles, 5 de junio de 2013

Pasos hacia la libertad



Una reflexión sobre la libertad es siempre un estímulo para mirar hacia delante, para aproximarnos a lo que realmente queremos y quizá no encontramos el modo de expresarlo. Si pensamos en el concepto de libertad social probablemente estemos atribuyendo un vuelo de mayor alcance a la palabra, pues toda libertad se apoya en la unanimidad de su destino, en una afirmación que se siente por derecho como esencial del individuo y que compartida tiene la fuerza y el impulso del arma más poderosa: la verdad. Podemos definir la libertad como aquello que no nos pueden quitar, un derecho espiritual innegable y que un conjunto de individuos ha de defender como fundamento de su estructura orgánica. La libertad es la base de la convivencia y la concordia, la necesaria virtud que un pueblo ha de poseer para evolucionar creativa y saludablemente.

Actualmente la sociedad vive en contradicción con el Estado, pues es este último quien administra su libertad y quien, hoy por hoy, hace de este poder un abuso constante, legitimando restricciones y carencias decretadas por agentes bursátiles y financieros que no representan a esa unanimidad que busca su libertad y que sigue confiando (ya seguramente porque no queda otro remedio) en los políticos (representantes que el pueblo ha elegido) para que la gestionen. Pues, cuando el sofista se ha instalado en el poder, sólo busca convencer y no servir, persuadir y no llegar a la verdad justa de sus acciones. El poder sirve al poder, en una estructura piramidal que ha olvidado el fundamento de su labor, entregándose a un sistema neoliberal que sólo sabe devorar para crecer, con ánimo insaciable.

Jean-François Lyotard, en su libro "La condición postmoderna", se hace la siguiente pregunta: "¿quién tiene derecho a decidir por la sociedad?" La voz del pueblo se difumina virtualmente, no tiene rostro, la han usurpado los medios de comunicación filtrando la realidad y los políticos enmascarando sus verdaderas intenciones. Por ello, el pueblo vive confundido y tenemos la impresión de que no hay un acuerdo común para lo que realmente queremos. Como dice Lyotard, "el héroe es el pueblo" y "el signo de la legitimidad su consenso". De esta manera, es necesaria la búsqueda de ese consenso por parte de quien realmente tiene el derecho de guiar su propio destino. Esto es, a mi entender, la libertad social, la vital constatación, en primera instancia, de quien lleva el timón de su futuro y el esfuerzo constante por impulsar y promover ya algo más que participación ciudadana; verdadero gobierno del pueblo, por y para el pueblo. Y si los políticos no siguen la estela de este nuevo movimiento natural, de crecimiento social y libre, tendrán que ser cambiados por mera coherencia evolutiva.

No dejemos que nos gobiernen quienes constantemente nos dan muestras de su indiferencia, obviando nuestras necesidades y derechos más vitales. No dejemos que aquellos quienes se excusan en la crisis sean a su vez, y a escondidas, sus más fieles valedores e interesados. Recordemos, ya lo dijo Don Quijote, que la libertad, hoy más que nunca, “es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos”. Y es nuestro el deber de cuidarla y defenderla.

"La Tribuna" de Albacete, 5-06-2013

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